TESOROS DE CLASE MUNDIAL
EN SANTANDER

Tesoros de
Santander

La variada geografía que caracteriza a Santander, su historia colonial y las tradiciones que permanecen en el corazón de sus habitantes hacen que esta región de Colombia tenga productos únicos en el mundo. Desde su gastronomía hasta especies, estos son sus tesoros.

CHINO
SANTANDEREANO

Este bovino criollo y exclusivo de Santander es capaz de adaptarse a las altas temperaturas. De pelaje suave en colores dorado y naranjado, el Chino evolucionó de las razas ibéricas, gallegas, tundaca y pirenaica.

Es un bovino que se caracteriza por ser productor de doble propósito (leche y carne) beneficiando así a los campesinos de las prosperas tierras de San Gil, Barichara, Villa Nueva y Socorro. Estos municipios se han convertido en el hogar de este imponente animal que en su edad adulta pueden pesar entre 487 y 658 kilogramos.

La adaptabilidad al campo con poca vegetación es otra de las características sobresalientes de esta raza. De esta manera, el ganado Chino tiene la habilidad de digerir forrajes toscos, además de pasto.

En la actualidad, se cuenta con un banco de germoplasma que permita mantener la especie preservando así esta raza originaria de Santander a futuro.

CAÑON DEL CHICAMOCHA

Hace 46 millones de años, éste era un inmenso lago y fue el lugar de animales marinos de los cuales aún se hallan fósiles. Hoy, es un paisaje que quita el aliento de quienes lo visitan.

Majestuoso, imponente, fascinante y único, así es este cañón de 227 kilómetros de largo y un promedio de dos kilómetros de profundidad, y el cual nace en el departamento de Boyacá pero su gran magnitud se extiende por Santander. Se encuentra a sólo 50 minutos de Bucaramanga (la capital del departamento) en la vía que conduce hacia San Gil.

Sus condiciones meteorológicas son de sequedad extrema y de cobertura vegetal reducid a pesar de estar a 1.450 metros sobre el nivel del mar. Es el hogar de especies como iguanas, armadillos, tinajos, osos hormigueros, zarigüeyas, ceibas barrigonas, etc.

En 2007, en el corazón del cañón, el Parque Nacional de Chicamocha (Panachi) abrió sus puertas para ofrecer a los visitantes un contacto más cercano con la naturaleza, la diversión y el folclor de la cultura santandereana. Además, se encuentra el teleférico más largo de Latinoamérica, de 6,3 kilómetros y el cual ofrece una magnífica vista a este ecosistema. El recorrido dura entre 20 y 30 minutos.

Sin dudas, el Cañón del Chicamocha es el accidente geológico más maravilloso de Colombia y existen diferentes miradores que le permite a los turistas apreciar sus paisajes.

CEIBA
BARRIGONA

En las tierras áridas del Cañón del Chicamocha y las escarpas de Pescadero se encuentra el árbol emblemático de Santander: la ceiba barrigona.

Único en Colombia, las ceibas tienen un tronco ancho y deforme como un barril –de ahí su nombre– que junto a la particularidad de sus hojas lo convierten en un espectáculo del paisaje santandereano. Sin embargo, no se pueden observar fácilmente desde la carretera, es así como se recomienda entrar al cañón con un guía para encontrar y conocer esta maravilla.

Las ceibas son parientes cercanas del árbol Macondo que se encuentra en los bosques del Atlántico y pertenecen a la familia Bombáceas. Estos árboles pueden llegar a medir hasta ocho metros de alto y cuando alcanza su edad adulta puede vivir más de 100 y 200 años. En la región se calcula que existen mil ejemplares de esta edad.

Su valor para biodiversidad del departamento es incalculable, por ello diferentes organizaciones ambientales vigilan su estado para preservar esta especie endémica. Además, se han creado programas de conservación para integrar nuevas plantas y hacer frente así al cambio climático.

Contemplar este árbol endémico es reconocer que en la rareza existe la belleza extraordinaria.

BOCADILLO
VELEÑO

En una comida lo más apetecido por todos es el postre, pero este no es cualquier manjar. Es un dulce con doscientos años de tradición que deleita en cada bocado.

Preparado con pulpa de guayaba, azúcar y agua a fuego lento, el bocadillo veleño es insignia de Santander y Colombia. Vélez, municipio al sur del departamento, es el principal productor de este manjar y en donde cada año se fabrican 70 mil toneladas, de ahí su nombre. Sin embargo, en los municipios de Barbosa, Puente Nacional y Guavatá también se crea el bocadillo.

Para su comercialización, y respetando la tradición de antepasados, se envuelve en hoja de bijao seca y se empaca en cajas de madera. Por preservar estas costumbres, en 2017 la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) le otorgó la declaratoria de Denominación de Origen Colombiano, lo cual certifica que es único en el país y de excelente calidad.

Comer un bocadillo veleño es saborear una parte de Santander y miles de extranjeros lo disfrutan ya que es un producto que se exporta a Estados Unidos, Venezuela, América Central y Europa.

HORMIGA
CULONA

Desde hace 500 años es el producto gastronómico estrella de la región. La tradición de comerlo es un legado de los indígenas guanes, quienes aprendieron a masticarlas y defenderse de las picaduras de las hormigas machos, que no se consumen, pero atacan con ferocidad. Es así como sólo se cosechan las hormigas culonas reinas y que en su cola tienen huevos.

Miles de ellas salen de los hormigueros después de Semana Santa debido a las lluvias de abril y junio en los valles de San Gil, Curití, Villanueva, Barichara y otros 18 municipios más de la provincia Guanentá.

Hoy los ‘culoneros’ (hombres que hacen guardia en los hoyos de la tierra para extraer este insecto) recolectan a las hormigas para prepararlas y convertirlas en un plato exótico. A este manjar se le atribuye poderes afrodisíacos, analgésicos y de longevidad. Su sabor agrio es único en el mundo, por esto el precio de una libra –cuando es temporada de cosecha– está entre los 120 mil y 130mil pesos (30 y 40 dólares), y en diciembre sube su valor a 250 mil pesos (80 dólares) ya que es difícil conseguirla.

Las hormigas culonas son un producto de exportación nacional e internacional. En Alemania, Francia y países del Medio Oriente son muy apetecidas.

CACAO

De sabor amargo e intenso, el cacao santandereano es uno de los más apetecidos de Colombia. El Carmen y San Vicente de Chucurí son los municipios de la región que se destacan por producir en abundancia este producto y por su excelente calidad.

Desde hace dos siglos campesinos de Santander han cultivado en fincas pequeñas y medianas este grano que hoy le representa al país el 45 % de la producción total. Al conservar la tradición de cultivo de sus ancestros, hoy el cacao tiene características especiales que junto con la avanzada tecnología se transforma para convertirse en un chocolate que se derrite lentamente en la boca.

El cacao tiene diferentes tonos de color, se encuentran: verde, rojo, amarillo y violeta. Luego, de ser recolectado es abierto para desgranar manualmente los frutos y fermentarse en cajones de madera y secado al sol en telares de madera. Es un proceso artesanal que le permite al cacao santandereano conservar su sabor y aroma.

Hablar del chocolate santandereano es degustar de una exquisita mezcla de sabor a campo, dedicación y amor.

CAFÉ

Cultivado en altura y bajo sombra, vegetación frondosa en algunas zonas y amplias montañas, el café santandereano se caracteriza sensorialmente por tener un cuerpo medio balanceado; de aroma dulce, herbal, frutal, algunas notas chocolatadas, cítricas y a tabaco; de sabor puro con notas dulces.

En 75 municipios del departamento se dedican a la producción de este grano registrando así 50 mil hectáreas sembradas en 37 mil fincas caficultoras. En Santander se producen dos tipos de líneas de café: tostado y verde, ambas deliciosas y con características únicas en sabor, cuerpo y aroma.

En 2014 la Superintendencia de Industria de Comercio (SIC) le otorgó el reconocimiento de Denominación de Origen Colombiano por su variedad de sabor, prácticas de cuidado del cultivo, recolección y beneficio; y su excelente calidad de grano.

En la Mesa de Los Santos, exactamente en la hacienda El Roble, se fabrica el segundo café más cotizado del mundo y que lleva el mismo nombre (Café Mesa de Los Santos). Una libra de este producto vale 120 dólares y se exporta a países como Japón, Estados Unidos, Australia.

CAMINOS DE LENGUERKE

Un paseo por senderos construidos en el siglo XIX, que comunican algunos de los pueblos coloniales más bellos de la región: Barichara, Guane y Zapatoca.

Algunos consideran que Geo von Lengerke fue el creador de la primera concesión que se adjudicó en el país, a pesar de que en el siglo XIX esos términos ni siquiera se pasearan por las mentes de quienes habitaban América. En su estadía en Colombia, este alemán construyó múltiples caminos de herradura en Santander para explorar tierras, hallar productos, llevarlos hasta el Magdalena y así comercializarlos.

“En 1864, el gobierno del Estado Soberano de Santander otorgó una serie de contratos y licencias para reconstruir los caminos denominados de utilidad pública. Algunos de dichos contratos fueron dados exclusivamente a la Sociedad Lengerke y Cía… Sea cual fuere la dirección, estas vías de acceso impulsarían el intercambio comercial, conduciendo simultáneamente a los diferentes grupos de comerciantes nacionales y extranjeros desde y hacia la Costa Caribe a través del río Magdalena”, explica un artículo de investigación de la Universidad Nacional.

AREPA SANTANDEREANA

La arepa era preparada y consumida por los aborígenes desde tiempos precolombinos en los actuales territorios pertenecientes a Colombia, Panamá y Venezuela. Las costumbres alimentarias indígenas son vistas en platos criollos basados en maíz como la arepa. La introducción de la arepa a sus pueblos fue un resultado del clima y la producción del maíz. El maíz era un elemento importante en la dieta de los indígenas.

Receta de la Arepa Santandereana
Para realizar esta autóctona receta son necesarios los siguientes ingredientes:
Un kilo de maíz pelado cocido, una taza de chicharrón de cerdo, una tajada de yuca picada, suficiente sal y una cucharada de aceite.

Para hacer la arepa santandereana debe empezar por moler finamente el maíz con la yuca y el chicharrón. Después agregue a esta masa, poco a poco, la sal disuelta en agua tibia y amase durante 30 minutos hasta obtener una pasta suave y manejable.

Posteriormente haga bolas medianas o del tamaño que quiera prefiera arepa. Luego póngalas sobre un lienzo húmedo para armarlas, adelgazándolas con la punta de los dedos hasta que queden del espesor deseado. Para terminar, asar a fuego lento en un tiesto para arepas, para que no se quemen.

CARNE
OREADA

La Carne oreada es una receta típica de la cocina tradicional colombiana perteneciente a la región de los Santanderes.

La carne oreada santandereana es el resultado de una solución creada por los indígenas de la región ante la necesidad de sobrevivir en tiempos de escases. Práctica conservada por los mestizos y libres que dieron origen a los “santandereanos”. El auge de esta preparación, debido a su resistencia a la descomposición, se dio en tiempos de lucha y enfrentamientos como fueron las guerras civiles. La gente tenía que conseguir un alimento que soportara largos desplazamientos y no se dañara ante las diversas adversidades que eran padecidas en esos tiempos.

La preparación fue heredada por los campesinos santandereanos, quienes extienden la carne adobada en parrillas sobre brasas para que el calor la ase, alcanzando así su punto especial de cocción. Esa técnica tiene presencia soberana tanto en el norte como en el sur, así como se constituye como una de las más deliciosas propuestas. No en vano pertenece al famoso grupo de carnes que los especialistas llaman ‘cecina’.

Actualmente, en la región hay demasiados lugares donde la carne es preparada de forma tradicional, pero también es importante recalcar que en la mayoría de los restaurantes que ofrecen este plato típico en Bucaramanga, crearon sus propios métodos para el adobo de la carne, siendo extendida sol las horas necesarias para que alcance el punto de oreado.

CHINO
SANTANDEREANO

Este bovino criollo y exclusivo de Santander es capaz de adaptarse a las altas temperaturas. De pelaje suave en colores dorado y naranjado, el Chino evolucionó de las razas ibéricas, gallegas, tundaca y pirenaica.

Es un bovino que se caracteriza por ser productor de doble propósito (leche y carne) beneficiando así a los campesinos de las prosperas tierras de San Gil, Barichara, Villa Nueva y Socorro. Estos municipios se han convertido en el hogar de este imponente animal que en su edad adulta pueden pesar entre 487 y 658 kilogramos.

La adaptabilidad al campo con poca vegetación es otra de las características sobresalientes de esta raza. De esta manera, el ganado Chino tiene la habilidad de digerir forrajes toscos, además de pasto.

En la actualidad, se cuenta con un banco de germoplasma que permita mantener la especie preservando así esta raza originaria de Santander a futuro.

CAÑON DEL CHICAMOCHA

Hace 46 millones de años, éste era un inmenso lago y fue el lugar de animales marinos de los cuales aún se hallan fósiles. Hoy, es un paisaje que quita el aliento de quienes lo visitan.

Majestuoso, imponente, fascinante y único, así es este cañón de 227 kilómetros de largo y un promedio de dos kilómetros de profundidad, y el cual nace en el departamento de Boyacá pero su gran magnitud se extiende por Santander. Se encuentra a sólo 50 minutos de Bucaramanga (la capital del departamento) en la vía que conduce hacia San Gil.

Sus condiciones meteorológicas son de sequedad extrema y de cobertura vegetal reducid a pesar de estar a 1.450 metros sobre el nivel del mar. Es el hogar de especies como iguanas, armadillos, tinajos, osos hormigueros, zarigüeyas, ceibas barrigonas, etc.

En 2007, en el corazón del cañón, el Parque Nacional de Chicamocha (Panachi) abrió sus puertas para ofrecer a los visitantes un contacto más cercano con la naturaleza, la diversión y el folclor de la cultura santandereana. Además, se encuentra el teleférico más largo de Latinoamérica, de 6,3 kilómetros y el cual ofrece una magnífica vista a este ecosistema. El recorrido dura entre 20 y 30 minutos.

Sin dudas, el Cañón del Chicamocha es el accidente geológico más maravilloso de Colombia y existen diferentes miradores que le permite a los turistas apreciar sus paisajes.

CEIBA
BARRIGONA

En las tierras áridas del Cañón del Chicamocha y las escarpas de Pescadero se encuentra el árbol emblemático de Santander: la ceiba barrigona.

Único en Colombia, las ceibas tienen un tronco ancho y deforme como un barril –de ahí su nombre– que junto a la particularidad de sus hojas lo convierten en un espectáculo del paisaje santandereano. Sin embargo, no se pueden observar fácilmente desde la carretera, es así como se recomienda entrar al cañón con un guía para encontrar y conocer esta maravilla.

Las ceibas son parientes cercanas del árbol Macondo que se encuentra en los bosques del Atlántico y pertenecen a la familia Bombáceas. Estos árboles pueden llegar a medir hasta ocho metros de alto y cuando alcanza su edad adulta puede vivir más de 100 y 200 años. En la región se calcula que existen mil ejemplares de esta edad.

Su valor para biodiversidad del departamento es incalculable, por ello diferentes organizaciones ambientales vigilan su estado para preservar esta especie endémica. Además, se han creado programas de conservación para integrar nuevas plantas y hacer frente así al cambio climático.

Contemplar este árbol endémico es reconocer que en la rareza existe la belleza extraordinaria.

BOCADILLO
VELEÑO

En una comida lo más apetecido por todos es el postre, pero este no es cualquier manjar. Es un dulce con doscientos años de tradición que deleita en cada bocado.

Preparado con pulpa de guayaba, azúcar y agua a fuego lento, el bocadillo veleño es insignia de Santander y Colombia. Vélez, municipio al sur del departamento, es el principal productor de este manjar y en donde cada año se fabrican 70 mil toneladas, de ahí su nombre. Sin embargo, en los municipios de Barbosa, Puente Nacional y Guavatá también se crea el bocadillo.

Para su comercialización, y respetando la tradición de antepasados, se envuelve en hoja de bijao seca y se empaca en cajas de madera. Por preservar estas costumbres, en 2017 la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) le otorgó la declaratoria de Denominación de Origen Colombiano, lo cual certifica que es único en el país y de excelente calidad.

Comer un bocadillo veleño es saborear una parte de Santander y miles de extranjeros lo disfrutan ya que es un producto que se exporta a Estados Unidos, Venezuela, América Central y Europa.

HORMIGA
CULONA

Desde hace 500 años es el producto gastronómico estrella de la región. La tradición de comerlo es un legado de los indígenas guanes, quienes aprendieron a masticarlas y defenderse de las picaduras de las hormigas machos, que no se consumen, pero atacan con ferocidad. Es así como sólo se cosechan las hormigas culonas reinas y que en su cola tienen huevos.

Miles de ellas salen de los hormigueros después de Semana Santa debido a las lluvias de abril y junio en los valles de San Gil, Curití, Villanueva, Barichara y otros 18 municipios más de la provincia Guanentá.

Hoy los ‘culoneros’ (hombres que hacen guardia en los hoyos de la tierra para extraer este insecto) recolectan a las hormigas para prepararlas y convertirlas en un plato exótico. A este manjar se le atribuye poderes afrodisíacos, analgésicos y de longevidad. Su sabor agrio es único en el mundo, por esto el precio de una libra –cuando es temporada de cosecha– está entre los 120 mil y 130mil pesos (30 y 40 dólares), y en diciembre sube su valor a 250 mil pesos (80 dólares) ya que es difícil conseguirla.

Las hormigas culonas son un producto de exportación nacional e internacional. En Alemania, Francia y países del Medio Oriente son muy apetecidas.

CACAO

De sabor amargo e intenso, el cacao santandereano es uno de los más apetecidos de Colombia. El Carmen y San Vicente de Chucurí son los municipios de la región que se destacan por producir en abundancia este producto y por su excelente calidad.

Desde hace dos siglos campesinos de Santander han cultivado en fincas pequeñas y medianas este grano que hoy le representa al país el 45 % de la producción total. Al conservar la tradición de cultivo de sus ancestros, hoy el cacao tiene características especiales que junto con la avanzada tecnología se transforma para convertirse en un chocolate que se derrite lentamente en la boca.

El cacao tiene diferentes tonos de color, se encuentran: verde, rojo, amarillo y violeta. Luego, de ser recolectado es abierto para desgranar manualmente los frutos y fermentarse en cajones de madera y secado al sol en telares de madera. Es un proceso artesanal que le permite al cacao santandereano conservar su sabor y aroma.

Hablar del chocolate santandereano es degustar de una exquisita mezcla de sabor a campo, dedicación y amor.

CAFÉ

Cultivado en altura y bajo sombra, vegetación frondosa en algunas zonas y amplias montañas, el café santandereano se caracteriza sensorialmente por tener un cuerpo medio balanceado; de aroma dulce, herbal, frutal, algunas notas chocolatadas, cítricas y a tabaco; de sabor puro con notas dulces.

En 75 municipios del departamento se dedican a la producción de este grano registrando así 50 mil hectáreas sembradas en 37 mil fincas caficultoras. En Santander se producen dos tipos de líneas de café: tostado y verde, ambas deliciosas y con características únicas en sabor, cuerpo y aroma.

En 2014 la Superintendencia de Industria de Comercio (SIC) le otorgó el reconocimiento de Denominación de Origen Colombiano por su variedad de sabor, prácticas de cuidado del cultivo, recolección y beneficio; y su excelente calidad de grano.

En la Mesa de Los Santos, exactamente en la hacienda El Roble, se fabrica el segundo café más cotizado del mundo y que lleva el mismo nombre (Café Mesa de Los Santos). Una libra de este producto vale 120 dólares y se exporta a países como Japón, Estados Unidos, Australia.

CAMINOS DE LENGUERKE

Un paseo por senderos construidos en el siglo XIX, que comunican algunos de los pueblos coloniales más bellos de la región: Barichara, Guane y Zapatoca.

Algunos consideran que Geo von Lengerke fue el creador de la primera concesión que se adjudicó en el país, a pesar de que en el siglo XIX esos términos ni siquiera se pasearan por las mentes de quienes habitaban América. En su estadía en Colombia, este alemán construyó múltiples caminos de herradura en Santander para explorar tierras, hallar productos, llevarlos hasta el Magdalena y así comercializarlos.

“En 1864, el gobierno del Estado Soberano de Santander otorgó una serie de contratos y licencias para reconstruir los caminos denominados de utilidad pública. Algunos de dichos contratos fueron dados exclusivamente a la Sociedad Lengerke y Cía… Sea cual fuere la dirección, estas vías de acceso impulsarían el intercambio comercial, conduciendo simultáneamente a los diferentes grupos de comerciantes nacionales y extranjeros desde y hacia la Costa Caribe a través del río Magdalena”, explica un artículo de investigación de la Universidad Nacional.

AREPA SANTANDEREANA

La arepa era preparada y consumida por los aborígenes desde tiempos precolombinos en los actuales territorios pertenecientes a Colombia, Panamá y Venezuela. Las costumbres alimentarias indígenas son vistas en platos criollos basados en maíz como la arepa. La introducción de la arepa a sus pueblos fue un resultado del clima y la producción del maíz. El maíz era un elemento importante en la dieta de los indígenas.

Receta de la Arepa Santandereana
Para realizar esta autóctona receta son necesarios los siguientes ingredientes:
Un kilo de maíz pelado cocido, una taza de chicharrón de cerdo, una tajada de yuca picada, suficiente sal y una cucharada de aceite.

Para hacer la arepa santandereana debe empezar por moler finamente el maíz con la yuca y el chicharrón. Después agregue a esta masa, poco a poco, la sal disuelta en agua tibia y amase durante 30 minutos hasta obtener una pasta suave y manejable.

Posteriormente haga bolas medianas o del tamaño que quiera prefiera arepa. Luego póngalas sobre un lienzo húmedo para armarlas, adelgazándolas con la punta de los dedos hasta que queden del espesor deseado. Para terminar, asar a fuego lento en un tiesto para arepas, para que no se quemen.

CARNE
OREADA

La Carne oreada es una receta típica de la cocina tradicional colombiana perteneciente a la región de los Santanderes.

La carne oreada santandereana es el resultado de una solución creada por los indígenas de la región ante la necesidad de sobrevivir en tiempos de escases. Práctica conservada por los mestizos y libres que dieron origen a los “santandereanos”. El auge de esta preparación, debido a su resistencia a la descomposición, se dio en tiempos de lucha y enfrentamientos como fueron las guerras civiles. La gente tenía que conseguir un alimento que soportara largos desplazamientos y no se dañara ante las diversas adversidades que eran padecidas en esos tiempos.

La preparación fue heredada por los campesinos santandereanos, quienes extienden la carne adobada en parrillas sobre brasas para que el calor la ase, alcanzando así su punto especial de cocción. Esa técnica tiene presencia soberana tanto en el norte como en el sur, así como se constituye como una de las más deliciosas propuestas. No en vano pertenece al famoso grupo de carnes que los especialistas llaman ‘cecina’.

Actualmente, en la región hay demasiados lugares donde la carne es preparada de forma tradicional, pero también es importante recalcar que en la mayoría de los restaurantes que ofrecen este plato típico en Bucaramanga, crearon sus propios métodos para el adobo de la carne, siendo extendida sol las horas necesarias para que alcance el punto de oreado.

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